Releer. Es algo que antes yo no hacía. Ni siquiera me lo planteaba porque, con tantos libros pendientes, con tanto aún por descubrir, ¿por qué perder el tiempo regresando a una historia que ya había leído?
Creía que, a medida que pasasen los años, esa sensación aumentaría. Menos tiempo por delante, más necesidad de aprovecharlo. Pero no. La edad me ha demostrado justo lo contrario. Regresar a viejas lecturas no es perder el tiempo, sino redescubrirlas desde una nueva perspectiva. Es encontrar matices, ser capaz de pararme en los detalles, analizar sus costuras…
Por eso ahora, entre novedades y libros pendientes, suelo colar de vez en cuando la relectura de algún viejo amigo. De esos que se quedaron en la estantería y que todavía te calientan el corazón cuando los miras, aunque con el paso del tiempo sus líneas se hayan ido desdibujando, como el rostro de un amigo al que hace demasiado tiempo que no ves.
Si todavía no relees, te animo a hacerlo y a que me cuentes lo que descubras con la experiencia.
«Estamos habitados por libros y por amigos». Daniel Pennac