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El rumor - por Romina
La grieta en la cocina
Un cuchicheo me dio la bienvenida aquella mañana de mediados de febrero. Lo que parecía ser una típica mañana de oficina se vio opacado por las pseudo silenciosas palabras que proferían dos de mis compañeros de trabajo.
Dejé mi bolso en mi escritorio. Saqué la yerba del cajón. Tomé el termo. Caminé hasta la cocina. Me percaté de que había una grieta en la pared. Dejé listo el equipo de mate sobre la mesada. Ingresé hacía el sector desde el cual provenía aquel bullicio matinal. Nadie respondió a mi saludo.
El agua del dispenser caía dentro de mi termo. Mis oídos se encontraban atentos a lo que decían mis compañeros. Mentalmente intentaba armar aquel rompecabezas de chismes, dimes y diretes.
La puerta de ingreso se abrió. Entraron juntos. Se los veía felices, con una cierta complicidad. El rompecabezas se armó. Un nuevo romance florecía dentro de una aburrida oficina estatal. En ese momento la novela comenzó.
Cada día mantenía en vilo a mis compañeros. Imaginaban, sacaban conclusiones, realizaban hipótesis. La pareja simulaba ser buenos amigos. Sin embargo, la química era evidente y lentamente la historia empezó a tomar forma. La gran pregunta en dicho momento era: ¿Están en pareja?, cómo puede ser si él está casado.
La cocina oficiaba de refugio para ella y para él. Allí se reunían a compartir el mate, miradas, palabras y caricias que se sentían un poco más libres de la mirada curiosa e intrigada del resto del personal de la oficina.
Una oficina vivía pendiente hasta del más mínimo detalle que delatara aquello que todos sospechaban. La grieta en la pared se ampliaba milimétricamente, con cada día que transcurría.
Pasaron los días, las semanas, los meses, los años. Ella y él se reunían todas las mañanas en la cocina, llegaban juntos a la oficina y se retiraban juntos. Jamás se los vió en una situación comprometedora. Una vez una compañera les preguntó si estaban en pareja y ellos lo negaron rotundamente.
Existieron días en los cuales no llegaban juntos y se iban de la oficina por separado. En esos días no se miraban, ni se dirigían la palabra, el malestar entre ambos era evidente y el cuchicheo aumentaba. Estas situaciones no impedían que la grieta en la pared de la cocina siguiera creciendo.
Una mañana cualquiera, la confirmación del romance llegó de manos de una compañera. Resultó ser que una de sus amigas le mostró una imagen de ella y él juntos, disfrutando a orillas del río, compartiendo mates, miradas, palabras y caricias libres de la mirada de la oficina, de la cocina y de la grieta.
La confirmación no hizo más que incrementar el nivel de los comentarios de mis compañeros. La indignación provenía de aquella pregunta inicial. Ella y él, ajenos a esta situación, seguían simulando ser simplemente amigos y respondiendo negativamente a las indagatorias habituales de la oficina.
El cuchicheo permanente finalizó el día en ella y él dejaron de reunirse en la cocina. El día en dejaron de llegar juntos y de retirarse juntos. El día en que la tensión entre ellos se hizo habitual. El día en que uno de mis compañeros, por primera vez, se dirigió a mí diciéndome: ¿Te enteraste que pidió el traslado?
El día en que arreglaron la grieta en la pared de la cocina.
Comentarios (5):
Alicia González Valido
19/02/2025 a las 18:53
¡Hola Romina!
Los primeros párrafos los tuve que releer porque tuve que comprender lo que realizabas desde que llegabas a la oficina y tu rutina de acciones. Capté tu vocabulario.
Después, ya la temática muy habitual en las oficinas con trabajos tediosos fue muy llevadera. y
de fácil comprensión dando una chispa de colorido a la historia y a la vida de la oficina.
La grieta y el romance tuvieron la misma duración. Me gustó la relación entre ambas situaciones.
Saludos
Alicia.
Yvonne (María Kersimon)
20/02/2025 a las 21:04
Hola Romina,
Menudas jaulas de grillos son algunas oficinas con sus chismeríos y habladurías. Estos micromundos donde gente sin historia y gran vacíos interior pasa la mayor parte de su vida. El infierno son los demás, decía Sartre.
Saludos.
Esteban Souto
21/02/2025 a las 22:19
Hola Romina! Me ha encantado tu relato. La grieta, entiendo yo particularmente, son las habladurías y chismerío de los compañeros y compañeras de oficina, se mantiene y agranda a medida que la duda de los que rodean a la pareja persiste. Me ha gustado el ambiente que lograste y como me llevaste a compartir lo que percibe la relatora. Las descripciones de los sucesos son muy buenas.
Únicamente quisiera comentar que la repetición de las palabras oficina y cocina (que obviamente riman) ha perjudicado un poco la fluidez del texto, pero que remplazándolas por sinónimos u otras semejanzas, completarían un relato genial. Te felicito por tu creatividad.
¡Lo he disfrutado! ¡Gracias!
PROYMAN1
24/02/2025 a las 17:20
Saludos Romina he leído tu relato ,me ha gustado pero me ha gustado mucho mas el final.
Los romances entre personas si se acaban se acaban bruscamente en este caso podía haber sido que la pareja de el le hubiera dado un ultimatun,pero lo que mas me ha gustado ha sido que la ruptura entre la pareja ha sido la grieta de la cocina.
Te doy las gracias por haber leído mi relato y que haya gustado,siempre que escribo lo hago pensando en que lo escrito guste al lector.
Confió en seguir leyéndonos.
Ismael Tomas Perez
04/03/2025 a las 18:42
Hola Romina
En primer lugar disculpa lo tarde que te envío mi comentario, me fue imposible hacerlo antes. Estoy bastante de acuerdo con los compañeros anteriores, aunque a mi el final no me ha llegado a convencer. Yo hubiera ido relacionando mas la grieta según llevaban la relación y el final lo hubiera hecho de la siguiente forma. “Aquel día la grieta de la pared había desaparecido, todos estábamos atónitos sin saber porque, ya que nadie la había reparado. Al poco rato nos enteramos de que habían sido trasladados a diferentes sitios y, bruscamente roto la relación. Ese día en la oficina sobrevoló la tristeza ” Es mi opinión tratando de seguir tu historia, que me ha gustado mucho. Un saludo y Felicidades.