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Paranoia en el aire - por Camila ForesiR.

Web: https://quaderno.app/@cami

Recuerdo ese día como si fuera hoy. Gastón había entrado en mi consultorio algo nervioso y alterado. Era un hombre de 35 años, delgado, cabello negro y ojos desorbitados, como buscando un punto dónde posar la vista. Lo que llamó mi atención ese día fue la razón por la que había llegado a mí: buscaba que le recetara algún medicamento para poder dormir. Él me había comentado que desde que su esposa lo había dejado no había podido conciliar el sueño y creyó que estaba perdiendo la cordura. La razón fue más que inusual para mí. Aún sigo sin comprenderla del todo. Como psiquiatra, he visto muchas cosas, pero nunca algo como esto. Ni siquiera pude imaginarme el final.
Gastón manifestó desde la primera consulta que había una grieta en la pared que lo estaba enloqueciendo. Juraba que la había arreglado, pero que al día siguiente volvía a aparecer. Así, una y otra vez. Hasta que decidió dejarla así. Entonces comenzó su calvario.
Sentado en el diván del consultorio, él relató que había visto salir agua de la grieta. Pero que, cuando iba por un trapo para limpiar, el agua ya no estaba. Una noche, se había quedado observándola desde su sillón porque había visto una luz filtrarse por la estrecha rajadura.
Le receté una pastilla para dormir ya que pensé que su irracionalidad era producto de su falta de sueño. Sin embargo, sus pensamientos se volvieron más erráticos con el correr de las semanas. Me inquietaba. Había llegado al punto de traerme una toalla con la que supuestamente había limpiado sangre que había drenado por la pared, pero al verla, estaba completamente limpia. Ese día él se puso como loco durante la consulta. Necesitaba que yo le creyera lo que le estaba pasando.
Inevitablemente, lo diagnostiqué con esquizofrenia y lo mediqué. Su incapacidad para pensar o comportarse de manera lúcida necesitaba ser tratada. Sin embargo, su trastorno continuó a pesar de estar medicado, empeorando cada vez.
Juró oír susurros desde aquella grieta o ver a alguien que lo observaba cuando él acercaba la vista. Lloraba en mis consultas, abrazándose a sí mismo, meciéndose aterrado, mientras contaba una y otra vez lo que le estaba ocurriendo.
Su caso fue tan fascinante como inquietante. Era motivo de estudio para mí y lo comenté con colegas en diferentes congresos. Gastón fue el caso más raro e impresionante que me tocó vivir.
Como dije antes, su final fue inesperado. En un momento, había comenzado a tener migrañas, mareos y se había vuelto más paranoico. Estaba a punto de perder la razón. Estaba convencido de que había una presencia maligna que lo observaba y le hablaba a través de la pared agrietada. Su locura había llegado al punto de no querer dormir por el pánico que le generaba. Yo ya no sabía qué hacer ni cómo ayudarlo. Su estado alterado empeoraba en cada consulta y yo me estaba quedando sin herramientas.
No fue hasta esa mañana, cuando recibí el llamado que todo cambió. Conduje hasta la casa de Gastón, y al llegar, me encontré con un panorama devastador. La policía científica estaba analizando la escena y me necesitaban para reconocer el cuerpo que estaba allí.
Los bomberos, que habían tenido que derribar la puerta, me pusieron una máscara para respirar, pero no entendí el porqué hasta que estuve adentro de la casa.
Pálido e inerte, el cuerpo de Gastón yacía en el suelo. Delante de su sillón en el living de su casa, y con varios frascos de las pastillas que le había recetado –algunos sin abrir- para su tratamiento. Al ver mi nombre en la etiqueta, fue a la primera persona a la que habían llamado. Me hicieron algunas preguntas a las que contesté pero sin quitar la vista del pobre hombre muerto.
Oí a uno de los peritos decir que él había fallecido por inhalación de gas debido a la pérdida que había en el lugar. Era casi imperceptible y, seguramente lo había envenenado poco a poco. Fue entonces cuando me senté en el sillón, con un frasco de pastillas en la mano. Levanté la mirada y busqué. Recorrí la pared de arriba abajo, de derecha a izquierda. Pero la grieta no existía.

Comentarios (11):

Gabriela

18/02/2025 a las 22:41

Hermoso escrito , siempre te dejan con ganas de más…

Codrum

20/02/2025 a las 14:08

Hola, Camila.

Por un segundo, al leer “me pusieron una máscara para respirar” me imaginé un final muy diferente. En el que el cuerpo de Gastón llevaba allí meses o incluso más y todo era una alucinación del narrador. Pero no. Tú lo cerraste muy bien.

Una cosa que no me cuadra es que le dejen sentarse en el sillón.

Aún así, tu relato me ha parecido muy bien llevado.
Es natural y fluido.
La evolución hasta el fatídico final es continua. nada abrupta. Así que nos obligas a seguir leyendo.

Creo que has resuelto el ejercicio muy bien.
En cuanto al narrador testigo, yo me lío mucho, pero creo que lo has conseguido.

!Buen trabajo!

Cami

20/02/2025 a las 14:26

Muchas gracias Gabriela! Seguiré por ese camino! Beso

Cami

20/02/2025 a las 14:28

Muchas gracias Codrum! En cuanto al sillón puede que tengas razón. Lo tendré en cuenta para la próxima. Nos leemos.

Amadeo

21/02/2025 a las 11:32

Camila.
¡Misterio total! Al leerlo permaneces alerta esperando la definición del caso. Buen final abier-to, pues realmente no sabemos que pasó. El título, no me convence, lo cambiaría.
Algunas observaciones generales.
Dices: Recuerdo ese día como si fuera hoy. Lo eliminaría por ser “lugar común”
Dices: Gastón había entrado en mi consultorio algo nervioso y alterado. ¿Quién estaba algo nervioso y alterado? ¿Gastón o el consultorio?
Tal vez habría un exceso de pronombres personales y del verbo había.
Espero haber colaborado.
Cordiales saludos
Amadeo (Argentina)
Nº 53

Fernando Rodríguez

21/02/2025 a las 18:35

He podido sentir como la angustia del pobre Gastón recorre también el cuerpo del psiquiatra. Como busca una explicación que difícilmente exista y menos cuando no encuentra la dichosa grieta. Estoy seguro que existía, porque tanto tu como yo la hemos visto. Estaba ahí, y ahora la han tapado para que también nosotros perdamos el juicio. Buen relato donde has llevado un hilo que enreda y desemboca en un final fuerte y a la vez enigmático.

Cami

22/02/2025 a las 00:13

Muchas gracias Amadeo por tus sugerencias! Las tendré en cuenta! Nos leemos

Cami

22/02/2025 a las 00:14

Muchas gracias Fernando!!!! Me alegra enormemente que te haya gustado. Saludos. Nos leemos

Esteban Souto

22/02/2025 a las 17:04

Hola Camila!
Un relato que me atrapó. Lo leí de corrido esperando el desenlace. Muy bien el final. Creo que el sentarse en la escena de la investigación, en este caso corresponde, porque pone en la postura de paciente a la Psiquiatra y es ella la que se empieza a comportar paranoicamente por la grieta que no logra ver. El final es abierto y lo interpreto de esa manera.
Creo que podrías obviar el uso del pronombre él en algunas ocasiones. Por ejemplo; “Él me había comentado que desde que su esposa…” puede ser reemplazado por “Me había comentado…” Igualmente es una cosa menor comparado con lo que produjiste. ¡Muchas gracias por compartirlo! Te felicito
Esteban

Cami

22/02/2025 a las 17:42

Muchas gracias Esteban por tu comentario. Tomo en cuenta tu sugerencia para la próxima. Nos leemos!!!

María Jesús

23/02/2025 a las 21:48

Hola Camila: Un relato muy bueno, bien explicado y ganando en intensidad según avanza. Espero seguir leyéndote. Un saludo.

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