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Curación - por Esteban SoutoR.
Antonella recorre la galería de arte con entusiasmo. Es lunes por la mañana. Se la ve satisfecha. Está un poco cansada debido a los detalles que supervisó durante el fin de semana. A pesar de ello, en poco menos de una hora, abrirá sus puertas al público su ansiado sueño.
Recorre cada rincón del suntuoso edificio con una mirada de espectador, como si fuera un visitante más de los tantos que ella espera puedan disfrutar de las obras que allí se expondrán.
Tanto Carlo como Aurora, ayudantes incondicionales y apasionados como ella, están ocupándose, uno de los invitados que empiezan a reunirse en el salón de entrada, y la otra del servicio de Buffet que se servirá una vez culmine la inauguración. Mientras tanto me limito a seguir su interminable caminata. Me ha pedido que le acompañe en estos momentos previos a la apertura para darle mi opinión.
Antonella atiende con emoción una llamada del móvil que espera desde temprano. Su sonrisa confirma que se trata de la entrega de la pintura pendiente. Su idea es colocarla sobre una pared que hace las veces de transición entre los dos cuerpos principales de la galería. Decidió que la galería disponga, en uno de sus cuerpos, de todas obras en exposición que no estarán a la venta. Un pequeño museo de afamados artistas de su colección personal. El otro sector lo ha dividido en cinco salas en la que expondrán, para la venta, renombrados artistas de la actualidad. Estas salas tienen cada una un título que les ha asignado Antonella. Sencillos, emotivos, pétreos, transgresores y no arte. Sigo sin entender cómo autores de la talla que se presentarán han aceptado tales categorías, sobre todo los pertenecientes al grupo “no arte”, pero la promesa que les realizó sobre el sistema de exposición y venta virtual, los ha logrado convencer.
Minutos después de la llamada ingresa en la galería el famoso curador Max Bernau para entregar en mano una obra cuyos detalles se desconocen. Solo ellos dos lo saben.
Luego de saludarse se acercan a la pared que se halla límpida y majestuosa, lista para recibir el cuadro que ayudará a la transición entre los dos sectores. Sin mediar palabras aguardan la llegada del personal de intendencia, quienes colocarán el cuadro y su cobertor junto al sistema de seguridad. Mientras tanto ambos se adentran en la sala del museo.
El personal trabaja con extremo cuidado instalando la obra, que aún se halla cubierta esperando la inauguración.
En esos momentos comienzo a observar movimientos bruscos por parte del personal de intendencia. Uno de ellos rápidamente aleja la obra de la pared mientras sus compañeros intentan resolver un problema con el interruptor sonoro. Este, junto con su conexión, comienzan a desprenderse de la pared. Cuando logro acercarme, veo de reojo que Antonella y Max vienen con un paso apresurado desde el otro extremo del museo. Unos segundos después, todos nos hallamos frente a la pared boquiabiertos contemplando el espectáculo: había una grieta en la pared. Era demasiado gruesa y extensa como para cubrirla con el cuadro y corría en diagonal de manera tal que atravesaba casi dos tercios de la pared. El retén del cuadro se encontraba en perfecto estado y aún podía sostener al cuadro, pero el sistema de seguridad se hallaba en el piso todo desperdigado. Fue allí cuando presenciamos la creatividad de Antonella. Sin dejarnos reaccionar, llamó a Aurora y le pidió que fuera hasta la farmacia de la esquina para comprar los apósitos más grandes que encontrara. Cuando regresó, colocaron varios de ellos sobre la grieta y le pidió a Max que hiciera unos pequeños trazos sobre ellos a modo de ornamento. También le pidió que al margen derecho de la pared colocara su firma. Ella misma agregó la palabra "curador" en mayúsculas debajo. Colgaron el cuadro con su cobertor y ella nos pidió que nos preparemos para el ingreso de los invitados. Cuando culminó el discurso de inauguración le solicitó a Max que quitara el velo que cubría la enigmática obra. Para nuestro asombro y el de los invitados debajo se encontraba una hermosa y detallada adaptación de “El demoledor” de Paul Signac. Cuando hubieron terminado los aplausos de los presentes, Antonella aclaró que la obra sobre la cual se había montado la adaptación era la obra de Max Bernau “Curación” y que le dieran un fuerte aplauso para que les hablara de su creación y por qué se hallaba en esa zona de transición.
Comentarios (6):
Teresa S.M.
19/02/2025 a las 20:52
Hola Esteban. Una historia muy bien contada, donde la intensidad va creciendo, hasta llegar a un buen final que no defrauda. Muy bien expresado todo, que lo hace muy visual.
Gracias por compartirlo.
Cami
20/02/2025 a las 13:52
Hola Esteban! Bonita historia! Fue linda de leer y fácil de imaginar. Nos leemos.
Codrum
20/02/2025 a las 14:24
Hola, Esteban.
Que descripción más rica y fluida de la sala de exposiciones.
Me ha gustado pensar, al saber que tenía que llegar la frase de la grita, que podría ser una metáfora de la fragilidad de los sueños.
Pero cuando le pones unos apósitos encima, ya no me cuadraba.
Me parece que has cumplido con éxito lo que el taller pedía
! Buen trabajo!
Codrum
20/02/2025 a las 14:24
No quería poner grita, sino grieta
Amadeo
21/02/2025 a las 12:05
Esteban:
Un cuento con demasiado misterio y exceso de detalles explicados que tal vez confunden al lector. Por ejemplo: Es lunes por la mañana. ¿Cambia si fuera jueves de tarde? No aparece la justificación en el texto, de que debe ser lunes.
No veo clara la presentación de Carlo yAurora cuando dices: Tanto Carlo como Aurora, ayu-dantes incondicionales y apasionados como ella, están ocupándose uno de los invitados que empiezan a reunirse en el salón.
Noto dos narradores potentes: uno en 1º persona y otro omnisciente.
El final lo leo flojo por explicado… yo hubiera querido deducirlo.
Espero haber colaborado.
Cordiales saludos.
Amadeo (Argentina)
Nº 53
Esteban Souto
23/02/2025 a las 14:59
Teresa:
Muchas gracias por tus palabras. He tratado de crear un personaje que pudiera tener la capacidad de enfrentarse a las sorpresas y las circunstancias adversas con creatividad y templanza. El desafío de la grieta en el taller me ha parecido un ejercicio magnifico. ¡Nos leemos!