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LOS TRES DESEOS - por AnaisaR.
LOS TRES DESEOS
Se sentó con ellos, pero, como hacía todos los domingos, abandonó la mesa después de los entrantes. Aquellas comidas familiares le resultaban insoportables, y siempre se excusaba diciendo que no tenía hambre.
-Hoy tenemos aleta de tiburón.
La voz de su madre se perdía ya en la distancia.
Era una adolescente y, como todas, necesitaba espacio para sus ensoñaciones.
Salió al campo primaveral, que estaba atiborrado de flores silvestres. Se entretuvo imaginando posibles situaciones románticas. Los pétalos de una margarita fueron cayendo sobre el sendero. Solo uno colgaba al fin, como un pendiente, de la rubia cabeza de la flor. Y la respuesta era afirmativa.
Presa de la emoción, arrancó la última hoja. Sintió entonces una enorme sed y dijo para sí:
-Agua, agua.
Cuando se dio cuenta, estaba sola en mitad de un océano; se había transformado en una isla.
La invadió una extraña y acuciante necesidad de sangre, que solo se satisfizo cuando pequeños peces fueron entrando en su boca.
-¿Soy un tiburón? ¿Qué clase de sueño es este en el me convierto en aquello que más he temido durante años?
Pero apenas había tenido tiempo para pensar en nada más, cuando notó el enorme pinchazo de un arpón en la espalda.
Deseó estar de nuevo en la cocina de su casa, no haber salido de allí precipitadamente. Poder compartir con su familia una larga sobremesa de fin de semana. Hablar con sus padres, sus hermanos, sus abuelos. Cuánto tiempo hacía que no pasaba tiempo con ellos.
Se asustó porque el agua que la rodeaba comenzó a caldearse. Sin embargo, se alegró cuando, al abrir los ojos, vio la familiar cocina de su casa y escuchó a su madre que gritaba.
-A comeeeer.
Debió de cerrar los ojos, porque la oscuridad lo inundó todo. Oía las risas de sus hermanos, la conversación animada de su abuela con su padre.
Quiso gritarles que estaba allí, pero un sopor incomprensible se lo impidió. No podía entender la sensación de estar inmersa en el agua y a la vez a punto de sentarse a la mesa. Se hizo la luz de nuevo y un remolino enturbió las aguas. Una oscura sombra bajó del cielo y el sol, al fondo, adquirió de pronto el rostro de su madre.
Comentarios (6):
IreneR
17/04/2019 a las 19:32
Buenas, Anaisa.
Qué relato más raro. Me he sentido muy perdida mientras lo leía, como la pobre protagonista.
La verdad, sinceramente, no sabría decir si me ha gustado o si no… Ha sido muy extraño. Creo que te sobraban palabras, ¿no? Igual si se hubiese explicado un poco más… Aunque igual tu intención era desconcertar al lector. No sé. O también puede ser cosa mía y que yo no haya entendido lo que nos querías transmitir.
Nos leemos.
Un saludo.
Sirga
18/04/2019 a las 07:27
Hola Anaisa. Es un relato algo extraño. Me ha costado entender los cambios que sufre la protagonista. Lo mismo ha sido por la limitación de las 750 palabras y te ha faltado espacio para contar todo lo que querías. O lo mismo es que yo no he sabido entenderlo. Nos leemos
Saludos
Galia
18/04/2019 a las 14:49
Hola Anaisa: a mí también me costó entender tu relato, comenzando por el título ya que no encuentro relación entre éste y el relato. La emigración de la protagonista al océano no es una traslación en el tiempo sino espacial y no se explíca porqué se da, y la parte final no termina de definir en qué dimensión espacial está.Quizás debas pulirlo un poquito más y hacerlo más explícito.
Saludos
Galia
Anaisa
18/04/2019 a las 19:03
Gracias a las tres. Entiendo que es un relato extraño y muy personal. El viaje en el tiempo se produce al final de la historia, cuando la protagonista vuelve de alguna forma al instante anterior a salir de su casa. Al cumplirse su tercer deseo, reaparece allí, solo que no a la mesa sino en el puchero. Le daré otra vuelta, a ver por qué no se entiende .
Carmen Sánchez Gutiérrez
25/04/2019 a las 17:36
Hola Anaisa.
Comienzas bien la historia, ES amena y está bien escrita, pero pasas de forma algo abrupta de la ensoñación romántica propia de los adolescentes, a un sueño que mas bien es pesadilla. El regreso a la realidad es bueno, pero el final queda algo confuso.
En general, el trabajo me parece bueno y me ha gustado.
UN saludo.
María Esther
27/04/2019 a las 20:03
Hola Anaisa, a mí también me parece bueno el comienzo.El problema se plantea después de la primera transformación. No sé , pero quizás deberían suceder más cosas cuando ella siente que es un tiburón. Como que te apresuraste un poco, no sé opino.
Hasta que la madre llamó a comer, todo bien, después de ese párrafo te soy sincera,me cuesta continuar el hilo de la historia, queda como forzada .Si le dieras una vuelta creo que lograrías terminarla en forma coherente.
Es una opinión, saludos desde el 114.