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El sueño de Melissa - por guiomar de zaharaR.

El hombre se transformó en un ser fantasmagórico, cuando Melissa abrió los ojos sobresaltada y le dirigió una mirada aún nublada por el sueño y le vio allí de pie, a su lado.
Bajo la luz intermitente que traspasaban las ventanas tapadas con maderas que apenas dejaban paso al parpadeante y cercano letrero luminoso, atisbó un rostro céreo y rígido, semejante a una máscara. Le seguía observando y hasta llegó a oler las lilas de un pequeño ramillete, prendido en lo que parecía ser el cuello de una capa oscura que lo cubría por completo. El olor mortuorio de las flores le desagradó. El personaje sacó una blanquísima mano de entre los pliegues de su ropaje y, con aquellos dedos largos y huesudos realizó un leve movimiento de salutación.
Ella se incorporó un poco, al tiempo que se cubría mejor con el abrigo que le servía de manta.
– Hola – dijo entonces.
– Hola repitió el hombre, con una voz metálica, adelantándose hacia ella.
– Entré en este edificio, momentáneamente abandonado, para inspeccionarlo: tenía tanto calor y estaba tan cansada que me he quedado dormida. No me he dado cuenta de su llegada. Los siento. Disculpe.
– No se preocupe y siga durmiendo. Hay sitio de sobra.
– No. No debería estar ya aquí. Tengo un trabajo. Debo marcharme.
– Insisto en que no tiene usted que disculparse.
El hombre echó los bordes de la capa hacia atrás sobre sus hombros e, inclinándose, apoyó los antebrazos en sus muslos.
Ella ya no podía evitar sentirse inmersa en la angustia que produce creerse a merced de un loco y, por ello, esbozó una sonrisa e inició el ademán de levantarse del suelo y huir.
– ¡No se levante! – le ordenó de pronto utilizando de nuevo su voz gutural.
Mitad espantada, mitad sorprendida, le obedeció mientras escudriñaba su cara marmórea. Él rompió el mutismo:
– Me llamo Miguel Ángel, pero Ángel es el apellido.
Ella sonrió. Él reía y como si su risa fuera de verdad, abría toda la boca y echaba la cabeza para atrás. No pretendía disimular los sonidos guturales ni violentos de la carcajada.
– La empresa donde trabajo va a comprar este edificio, para convertirlo en oficinas. Yo estaba esperando a mi compañero. Estará a punto de llegar.
– ¡No tienes que contarme tus intimidades! –contestó él, en un tono que quería ser conciliador.
La joven se había inventado la historia de su ocupación, pues ese encuentro cada vez le parecía más siniestro. Sintió entonces que unas cadenas confeccionadas con su espanto le rodeaban el cuerpo. Cerró los ojos. Estaba agotada. Dentro de su cerebro se desató una gran batalla: La inutilidad del miedo y la realidad tangible. Se movió nerviosa.
– No luches. Es legítima tu angustia.
– ¿Qué?
– Dudar. Es lo único legítimo.
Se acercó a ella y beso su frente y, con la punta de sus largos y huesudos dedos, recorrió los labios secos de la joven.
– Me voy. Sé feliz.
– ¿Te volveré a ver?
– No creo que ya sea necesario.
Él dio media vuelta y asomó la mano blanquísima de entre los pliegues de su capa. Esbozó un leve movimiento de salutación y desapareció.
Al cabo de unos instantes, o quizá fueron horas o minutos, llegaron puntuales a poner punto y final al sonido de la casa deshabitada.

Comentarios (8):

Jose Maria Moreno Pelayo

16/03/2019 a las 17:11

Hola Guiomar. No entiendo tu historia pero ya lo dice el titulo es un sueño y los hay raros ..tienes alguna falta pero eso lo dejo para los expertos ,mi relato es el 65 por lo que me tocaba comentar.
un saludo

erodosaine

19/03/2019 a las 01:16

la descripción de la atmósfera es mu buena, y termina de perfeccionar aquel aire de sueño e irrealidad, tan solo que en algunos casos llega a ser exagerada, trata de mirar de no decir redundancias, como la primera oración del segundo párrafo, dónde dice dos veces que la luz entraba. Busca detallar distintos aspectos de algo, asegurándote de no repetirlos, para así ampliar la compresión que el lector tendrá de ello.
El final es un poco difícil de entender, pero coincide con la actitud de la historia en general.

marazul

19/03/2019 a las 18:23

Hola Guiomar:
Por el título se sabe que es un sueño y eso resuelve muchas de las dudas que el lector pueda tener al respecto. De tu relato me quedo con la sensación de agobio y angustia de Melissa ante semejante individuo y en un lugar extraño y deshabitado. Y es que en esos lugares se presta mucho a la aparición de fantasmas, espíritus o vagabundos, como es el caso del mío.
Hay un fragmento que resulta demasiado largo a mi modo de ver: “bajo la luz intermitente……máscara”. Dale una vuelta porque resulta denso.
Por lo demás encantada de pasarme por tu espacio, Guiomar.
Un abrazo

M.L.Plaza

19/03/2019 a las 20:45

Hola Guiomar.
Muy curioso tu sueño y, en el fondo, la situación que planteas. Porque no es nada normal ir de inspección a un edificio y quedarse dormido, no se sabe si horas o minutos.
Me parece que el relato está muy bien ambientado, aunque la insistencia en las manos y la capa del individuo, creo que tres veces, me parece excesiva.
Lo de las cadenas confeccionadas con su espanto me parece todo un hallazgo.
Me ha gustado leerte.
Saludos

ortzaize

20/03/2019 a las 05:40

hola estoy encantada de leer tu sueño, podia ser un poco mas largo y seguro que mejoraria.
saludos.

Vespasiano

24/03/2019 a las 19:05

Hola Guiomar:

Después de devolver las visitas de los compañeros, voy a comentar el tuyo que hace algunos días leí.
Le he dado una segunda vuelta a tu relato pues hay algunas cosas que no me han quedado claras.

Durante la lectura me has mantenido expectante presintiendo el bocado que el sujeto fantasmagórico le iría a propinar a la chica, pero al final todo ese miedo que produce el presunto “Drácula” queda en un par de besos y en un apretón de manos.

“El hombre se transformó en un ser fantasmagórico, cuando Melissa abrió los ojos”. Aquí en mi modesta opinión creo que podría ser: “El hombre se transformó en un ser fantasmagórico a los ojos de Melissa”, ya que el hombre o el ente extraño era como era. Lo que pasó fue que el susto que se llevó la chica le hizo ver todo tergiversado.

Me parece extraño que la chica que estaba aterrada le pregunte a (¿el zombi?, ¿el vampiro?), cuando este dice que se va: ¿Te volveré a ver? Y más raro me lo pones cuando este dice: “No creo que ya sea necesario”.

“La empresa donde trabajo va a comprar este edificio”. Dice la chica, para después el narrador aclarar: “La joven se había inventado la historia de su ocupación”. Y al final escribes: “llegaron puntuales a poner punto y final al sonido de la casa deshabitada”. ¿Que hacía ella allí y a hora tan intempestiva? Y ¿quiénes llegaron y para qué?

Lo que más me ha gustado de tu escrito: “Sintió entonces que unas cadenas confeccionadas con su espanto le rodeaban el cuerpo”.

Felicidades y como siempre te seguiré leyéndote.

Vespasiano

24/03/2019 a las 19:08

Hola de nuevo:
Quise decir: “…como siempre te seguiré leyéndo”.
Chao.

Noemi

30/03/2019 a las 19:29

Hola Guiomar:
Hermosa pesadilla, valga la contradicción pero es que está muy bien desarrollada. Si no fuese por el nombre creería que se trata de una visión mística,el texto es ambiguo y genera significados ambivalentes.Mi interpretación es que en un espacio onírico Melissa se enfrenta con su propia muerte; me fundo en “la casa deshabitada del final”.No descuento que puede haber otras formas de verlo. Como de costumbre ha sido un encanto leerte.La perla: “unas cadenas confeccionadas con su espanto le rodeaban el cuerpo”siempre te despachas una de esas imágenes o metáforas maravillosas.
Un abrazo!

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