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Perfección humana - por A.R.Payán

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A las tres de la madrugada se escuchó un grito que provenía del sótano de la vivienda. Nadie más podía saberlo, pero el experimento había salido mal. Otra vez.
Gabriel, aturdido, se arrastró por las escaleras rodeado por una espesa humareda blanquecina, emanaba un extraño olor que no llegaba a reconocer a pesar que le resultaba familiar. Desde el suelo se estiró hasta agarrar el pomo de la puerta.
Se notaba dolorido, cada músculo de su cuerpo daba repetidas contracciones provocando un dolor similar al de una aguja cuando penetra en la piel. Un esfuerzo más le bastó para girar el pomo y abrir la puerta. Al otro lado el aire era más limpio, aunque por encima de él, una fina lámina de humo comenzaba a invadir el pasillo. Se hizo a un lado y empujó la puerta con el pie para cerrarla, impidiendo así, que la casa se infectara del humo que iba acompañado de ese olor familiar e irrecordable en esos momentos de arturdidez.
Tuvo que ayudarse de la pared para ponerse en pie. Al fondo del pasillo se encontraba el aseo y se dirigió hasta allí. En su corta travesía se tambaleaba de un lado a otro como si de un borracho se tratase. Esta vez la explosión le había afectado demasiado.
Cuando llegó al aseo se sostuvo unos instantes en el marco de la puerta, cogió un poco de aire mientras se ajustaba las gafas. Dos zancadas le bastaron para cruzar el frío suelo y se aferró con fuerza en el lavabo. Cuando levantó la cabeza, el espejo devolvía una imagen muy distinta de la que él esperaba ver. Apenas se reconocía. Su figura había sufrido cambios con la explosión. La cara estaba tiznada, su flamante flequillo había desaparecido. El cristal derecho de sus gafas había oscurecido hasta tal punto que era imposible ver tras él. Sus ropas, hechas jirones, tenían un color similar al de su cara. Las manos no tenían mejor aspecto, también negras como el carbón. Su cuerpo desprendía un calor abrasador. Se apresuró a quitarse la ropa y abrió el grifo del agua fría.
Después de lavarse cuidadosamente y cambiarse de ropa, se dirigió al salón, necesitaba echarse un trago y relajarse por un momento. Aunque en esos instantes lo que menos le apetecía era volver al sótano, debía de hacerlo y antes de que llegase Clara, su esposa.
Clara no llegaría hasta por la mañana, pero cuanto antes recogiese el desastre, menos consecuencias tendría. Después de beberse el gintonic y relajarse lo suficiente ya no tenía excusa para permanecer en su sofá, así que se fue con paso lento al sótano. Esperó unos segundos antes de aferrarse al pomo, pero al final, con parsimonia abrió.
Dentro el humo había desaparecido, eso era buena señal, pero el olor seguía estando en el ambiente. La luz seguía encendida y a medida que descendía aumentaba la luminosidad del sótano. Caminó hasta llegar a la mesa de experimentos y antes de empezar a recoger se detuvo a observar el desastre que había liado.
Un ruido hizo que dejase de limpiar y giró la vista tras él. Fuera del alcance de la luz pareció distinguir una silueta. Sus manos, escondidas tras la espalda, recorrieron veloz la mesa en busca de algo con lo que defenderse. Los gruesos dedos tocaron algo frío y rígido, aunque una probeta no era muy efectivo para disuadir lo que aquello fuese, allí no había nada más.
Con paso lento se acercó hacia la silueta. La sombra inmóvil fue cogiendo forma y su corazón se aceleraba con cada paso. A escaso un metro se detuvo. La locomotora del pecho amenazaba con salir y dejar plantado en el sótano a Gabriel.
Petrificado, como una estatua, estaba viendo como el experimento no había sido tan desastroso como había creído, a pesar del desorden. Ahora estaba nervioso, inseguro, pero a la vez rebosaba felicidad y satisfacción. Tantos experimentos fallidos para al fin conseguir lo que tanto tiempo había estado buscando. Observaba con detenimiento su obra de arte, era espectacular, realmente perfecto. Ahora con más claridad adivinó que el olor a humo era el perfume que había usado en el experimento.
—¿Gabriel? —No tardó en reconocer la voz de su esposa, que, por raro que le pareciese, había llegado antes de lo esperado a casa.
—¿Cariño? —su voz reflejaba sorpresa con la repentina llegada de Clara.
Ahora debía pensar qué hacer con la mujer mas perfecta del mundo; fruto de su experimento más asombroso.

Comentarios (7):

Laura

19/11/2018 a las 00:14

Hola A.R.Payén.
Sorpresa!!!!Y ahoha què hacemos? Continuará?
Creo que debes hacer algùn cambio en las siguientes frases:
-Se apresuró a quitarse la ropa y abrió el grifo del agua fría. Creo que irìa: Se apresuró a quitarse la ropa y abrir el grifo del agua fría.O: Se quitó la ropa y abrió el grifo del agua fría.
-Dos zancadas le bastaron para cruzar el frío suelo y se aferró con fuerza en el lavabo. Creo que aquì pondrìa: Dos zancadas le bastaron para cruzar el frío suelo, se aferró con fuerza al lavabo. o De dos zancadas cruzó el frío suelo y se aferró con fuerza en el lavabo.
Por supuesto, tú decides què hacer con las sugerencias.
Mis saludos y hasta la próxima propuesta.

Leosinprisa

19/11/2018 a las 09:29

Hola AR Payán, me ha gustado tu historia, pues logras que el lector permanezca atento durante toda la narración, pendiente de ver que es lo que ha ocurrido y el desenlace.

Lo único es que me quedan muchas dudas acerca de lo que ocurre. La mujer perfecta ¿es un ser biológico al estilo de Frankenstein? ¿o es algo mecánico? ¿o las dos cosas a la vez?

Jajaja, sé que son dudas que no tienes porque responder, pero eso es lo que hace interesante tu historia, las propias dudas que suscita y como resolverá la papeleta de tener a su mujer real junto a la creada. ¿Se hará bigamo? ¿Se tendrá que deshacer de una ellas? Y muchas más preguntas que llenarían bastante trozo y me haría sacar humo por la cabeza.

Gracias por el agradable rato de lectura, ha sido un placer leerte. Un saludo.

jose maria

19/11/2018 a las 16:11

hola ARpayan tiene que tener valor tu personaje para crear a la mujer perfecta ,estando casado jajaja un saludo y mi relato es el 65

Servando

19/11/2018 a las 23:07

Me gustó mucho. Sabes narrar y describir situaciones, sin embargo no soy tan amante de las descripciones en los relatos cortos,pero eso no le quita el gran trabajo.
Felicidades.

Amadeo

20/11/2018 a las 01:53

A.R.Payán.
Me gustó tu relato, buenas descripciones y mantiene la expectativa. Faltó algunos detalles (sin aclarar) algo sobre el experimento, para ir “sabiendo·
Buen final y sorpresivo.

Estoy en el 59 por si quieres leerlo y comentar
Cordiales saludos
Amadeo

A.R.Payán

20/11/2018 a las 17:30

Gracias por vuestros comentarios.
Llevaba un tiempo sin escribir y he querido aprovechar este taller para describir un breve lapso de tienpo con la extensión de las 750 palabra del taller.
El experimento me ha resultado positivo.

Vespasiano

20/11/2018 a las 21:31

Hola A.R.Payán:

Muchas gracias por pasarte por mi relato y comentarlo.

Ahora me toca devolverte la visita y con todo el respeto que merece tu historia, pero siendo sincero te digo con todo el cariño del mundo que tu relato no me ha enganchado.

Veo que te has ceñido para escribir tu historia a la frase propuesta por los moderadores.

Por lo tanto ya me esperaba lo que va a ocurrir y no me ha causado ninguna sorpresa el final de la historia. Mucho humo, mucha tizne mucho destrozo y el experimento resultante, fallido o no, podría ser cualquier cosa, ya que no hay ninguna pista acerca de la intención del creador. Sin más explicaciones, sin ningún dato preliminar, de repente aparece en escena una criatura maravillosa.

Desde el punto de vista formal, te apunto que la palabra “arturdidez”, no existe en el diccionario.

“…antes de que llegase Clara, su esposa.
Clara no llegaría hasta por la mañana”. Aquí repites en un corto espacio el nombre de la mujer.
Podría quedar mejor así: “…antes de que llegase Clara, su esposa. Ella no llegaría hasta por la mañana”.

Espero seguir leyéndonos en futuros retos.

Aprovecho para desearte una Feliz Navidad.

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