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Entre Eros y Prometeo - por Héctor RomeroR.
Víctor cerró el viejo libro que terminaba de leer y lo colocó sobre el escritorio al tiempo que volteaba ante la pregunta de Henry, su viejo amigo de la infancia.
—¿Qué leías?
—Mmmmm…más bien releía
—¿Y qué releías?, si se puede saber
—“El moderno Prometeo”, de Mary Shelley
—¡Ah!…Frankenstein
—Correcto, es la tercera vez que lo leo
—¿Tanto te apasiona? —cuestionó nuevamente Henry—.y añadió—¿Sabes que desde mi perspectiva moralista considero esa obra literaria un insulto a Dios?
—No me digas que doscientos años exactos después de su publicación, la juzgarás como el más ignorante inquisidor, Henry.
—No se trata de eso Víctor, lo que sucede es que su contenido puede resultar inspirador.
—¿Inspirador?
—Eso, inspirador para todos aquellos débiles de mente y espíritu que atrevidamente piensan que pueden rivalizar con el poder de Dios.
—Pero Henry, con todo el desarrollo científico y tecnológico de este siglo, ¿quién tendría la necesidad de recurrir a los experimentos alquimistas del Doctor Frankenstein?
—Víctor, aún en este tiempo, las mentes desequilibradas y los corazones obsesionados todavía existen.
—No creas Henry, no es para tanto.
—¡Ay Víctor!, no me digas que si se te presentara la oportunidad de traer de nuevo a la vida a Elizabeth y estar con ella el resto de tus días, te apegarías a la ética y la dejarías pasar.
—Henry, sabes cuánto la ame, cuánto la amo y cuánto la amaré, pero esa es otra situación.
Por unos instantes se produjo un prolongado silencio entre los interlocutores. Henry, observaba a Víctor con mirada compasiva, mientras este perdía la suya en el fuego de la chimenea.
El estruendo de un rayo que había sido anunciado previamente por la fugaz luz de un relámpago, interrumpió el silencio.
Víctor volvió su mirada a Henry, quien todavía le observaba fijamente con la misma actitud, cuando de la alcoba, que en su momento ocupara con Elizabeth, se dejara escuchar repetidamente la voz de ésta pidiendo ayuda.
—Víctor, ayúdame, ayúdame por favor…ayúdame amor mío…
Comentarios (16):
Servio Flores
17/11/2018 a las 20:47
¡Hola Héctor!
¡Qué texto tan más genial!
Tiene todo, amor, intriga, amistad, conflictos, brevedad, intertextualidad… Y un final que nos deja pensando, digiriendo lo escrito y buscándole un final, en este caso ya nuestro, no tuyo ni de los protagonistas, justo como un cuento en ocasiones debe ser.
Únicamente te diría que revises algunos signos de puntuación, especialmente una o dos comas que creo no van.
¡Felicidades realmente un texto muy bueno!
Carlyn
17/11/2018 a las 23:54
Súper! Éxitos….
María Esther
18/11/2018 a las 00:59
Hola Héctor, me gustó mucho tu relato, bien escrito, se lee de corrido, sin tropiezos.
Los diálogos bien llevados,la noche de tormenta, el relámpago y el rayo,preparan y ambientan el final abierto,que está muy bueno.
Felicitaciones.
Saludos, soy tu vecina del 30.
Lunaclara
18/11/2018 a las 18:20
Hola Héctor, un escalofrío recorrió mi cuerpo cuando leí el final de tu relato. Un buen relato, sí, y que promete una gran historia de amor… o no.
Está bien escrito. Te mantiene en vilo hasta el final.
Felicidades!
JUANA MEDINA
19/11/2018 a las 01:30
Excelente suspenso, escalofrío y hasta posible terror.
Muy bueno. Da para mucho más
Felicitaciones. Buen año
Elisa González
19/11/2018 a las 02:21
Uf! Me parece estupendo, yo no le agregaría ni quitaría nada. Felicidades, seguí escribiendo, lo hacés bien.
el chaval
19/11/2018 a las 18:23
Hola Héctor Romero, Aparte de lo bien escrita que está la narración , creo que se aparta de lo que se pedía: Historia de amor y un grito en el sótano.
El detalle de que después del rayo viene el “trueno” porque el rayo ya hizo su ruido.
Buen fin de año y mejor el próximo (51)
Menta
19/11/2018 a las 19:30
Buenas noches Héctor Romero: Me ha gustado mucho tu relato. El final está muy logrado para causar miedo.
He visto un acento que falta en la frase:” —Henry, sabes cuánto la ame, cuánto la amo y cuánto la amaré, pero esa es otra situación”., “amé” con acento.
Te felicito. Un saludo, Menta
Victor Romero
19/11/2018 a las 20:42
Que genialidad, buena dedicatoria a Victor Frankeinstein me a gustado mucho con un final escalofriante!!!
Seguí así!
Osvaldo Vela
21/11/2018 a las 14:43
Hola Héctor. La genialidad como todos sabemos viene de los genios. Pero en las letras la genialidad es cosa de conocimiento y de vasta cultura. !Vaya! pedazo de relato que nos regalas. El geniecillo de las letras hizo su aparición en tu historia.
Lo poco se convirtió en mucho.
Te felicito.
Deseo que en estas fiestas navideñas que ya están cerca, las goces en compañía de todos los tuyos.
Nos leemos en enero.
Josè maría
22/11/2018 a las 19:11
Hola Hector, muy buen relato ,pero creo que antes del relámpago, lo que suena son los truenos; solo eso .Mi relato es el 65 primero que publico en el taller.Felices fiestas y ya nos leeremos
Galia
22/11/2018 a las 23:33
Buenas tardes Héctor: gracias por pasar y apreciar mi relato. El tuyo se lee con fluidez, bien llevada la intertextualidad y el final sorprendente si bien la alusión a Frankestein y nos va dando una pista. Creo que no estamos tan lejos de esta novela, la manipulación genética, la clonación, etc., etc. mejor que queden en un relato…
Felices fiestas y nos seguimos leyendo.
Saludos.
Galia
marazul
24/11/2018 a las 20:27
Hola Hector:
Buena ambientación, excelentes diálogos y un relato escrito con corrección. Historia de amor y un final inquietante y abierto.
Enhorabuena. Me ha gustado tu relato.
Saludos
Laura
25/11/2018 a las 12:40
Hola Héctor.
Tu relato me ha gustado, incluso un acierto los nombres de Victor y Elizabeth, clara alusiòn a Frankestein.
Hay una frase que creo que sobra, o no me gusta como està:”Por unos instantes se produjo un prolongado silencio entre los interlocutores.” Está correctamente construida, pero me resulta a guiòn cinematográfico. Simplemente creo que si ponìas que se hizo el silencio era màs àgil, pero es tan sòlo una opiniòn mìa.
Me gusta mucho la historia de Frankestein; F. tan sòlo querìa ser amado. Una de mis propuestas alternativas de este mes era justamente la creaciòn de la novia de Frankestein, pero como quise hacer algo màs liviano, desarrollè otra historia.
Mis saludos. Hasta la pròxima propuesta.
Que tengas un buen año nuevo.
Pilar
25/11/2018 a las 23:30
Hola, Héctor!
Te devuelvo la visita encantada por tu relato, por cómo has confrontado la ciencia con la religión y la moralidad, por lo bien que has perfilado los personajes, que cobran más matices con cada lectura y por ese final tan inesperado, tan abierto e inquietante.
Me gustaría hacerte unas sugerencias técnicas, que no afectan al contenido ni al mérito que tiene lo que has escrito:
En las primeras líneas de diálogo, te falta el punto final.
En esta, te falla la acotación:
—¿Tanto te apasiona? —cuestionó nuevamente Henry—.y añadió—¿Sabes que desde mi perspectiva moralista considero esa obra literaria un insulto a Dios?
Sería así:
—¿Tanto te apasiona? —cuestionó nuevamente Henry y añadió—:¿Sabes que desde mi perspectiva moralista considero esa obra literaria un insulto a Dios?
(Bueno, las rayas aquí no me salen largas, pero eso seguro que ya lo sabes ;))
Yo, al igual que Laura, también quitaría lo de “los dos interlocutores” o lo sustituiría por “amigos”, “hombres”…
Creo que el estruendo corresponde al trueno, que sucede al relámpago, por eso de que la luz viaja más rápido que el sonido…
Y, por último, es cierto que has cambiado el escenario de reto del sótano al dormitorio, pero yo quiero pensar que revivió a Elizabeth tras muchos experimentos fallidos en el sótano de su casa…
Y eso es todo, Héctor, que me ha entusiasmado tu relato!!!
Felices fiestas y hasta el próximo año.
Paola
26/11/2018 a las 13:35
¡Hola Héctor!
Gracias por pasar por mi relato y tomarte tu tiempo en leerlo y comentarlo.
A esta altura creo que no me queda demasiado para agregar, no voy a redundar en lo que ya han dicho.
Me ha parecido justo y correcto.
Buena elección de tema para conjugar amor y experimento.
Desde luego que es corto y contundente.
¡Me ha encantado!
Un saludo