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Aquel verano - por PaolaR.
En el mes en que los días comienzan a hacerse mas largos y calurosos y las noches se vuelven diáfanas partíamos a pasar el verano a casa de la familia.
El viejo caserón tenía un sótano que olía a humedad y a cosas olvidadas en el tiempo, con un piso de madera que crujía y miles de arañas tejiendo en los rincones. Alejados de la mirada de los adultos, podíamos dar rienda suelta a nuestras hazañas de niños en plena pubertad.
Así que, ni bien, mis primos y yo descubrimos ese sitio nos apropiamos de él.
Cuando la tarde caía suave y fresca, luego de asearnos y vestirnos decentemente, buscábamos nuestras bicicletas y bajábamos por el camino de tierra hasta la feria del pueblo.
A toda velocidad llegábamos envueltos en la brisa que secaba nuestras caras sudadas. Derrapábamos con las bicis que quedaban tendidas en el piso mientras de un salto, entre gritos y risas, nos internábamos entre la gente exaltaldos
por las luces de colores, los niños que olían a regaliz y a manzana con caramelo, la música estridente y el ruido de las atracciones.
Nos abríamos paso para no perdernos al hombre de traje que vendía pósimas mágicas que alejaban los dolores, las desgracias y hasta el mal tiempo.
Por el camino, cogíamos piedras para tirarle a la Mujer Barbuda y, si nos sobraba alguna las recibía el payaso que hacía malabarismos y trucos malos que siempre lo dejaban en evidencia.
No nos perdíamos por nada del mundo el laberinto de espejos, así como tampoco al mago que intentaba cada noche escapar de un baúl cerrado por siete llaves de dudoso funcionamiento.
Aplaudíamos si lo lograba pero abucheabamos mas furtemente si fracasaba, ganándonos un tirón de orejas del forzudo que lo asistía; eso si, si lograba pillarnos.
Pero a mí lo que mas me cautivaba era la gitana que leía la suerte: tan morena y bien puesta, con unos ojos verdes que resaltaban ante el color naranja del pañuelo con medallas doradas que adornaba su frente.
Por una moneda movía sus finas manos y sacaba tres cartas que decidirían la fortuna de tu próximo día.
Antes de terminar, agitaba las pestañas e inclinaba su cabeza para dar las gracias.
Pero lo que me quitaba el sueño era su boca rojo carmín y el lunar que coronaba la comisura de sus labios.
Me podía quedar horas mirando como se movía dentro de esa caja de cristal.
Pero recordaba pronto que aún era un niño enjutado en pantalones cortos y eso refrenaba mis deseos de convencerla de mi amor.
Cuando volvíamos bajabamos al sótano a planear la manera de liberarla y volverla a la vida humana.
"Esa chica sería mía en cuanto tuviera mis primeros pantalones largos."
Anotábamos fórmulas y a la mañana siguiente buscábamos lo necesario para practicar nuestros experimentos. Demás está aclarar que jamás resultaban.
Invertimos todo nuestro verano, mis primos y yo, en lograr tamaña locura, pero fracasamos una y otra vez.
Cuando al año siguiente volví con mis pantalones largos nuevos, peinado con gomina y granos en la cara que denotaban con orgullo mi pronta madurez, ella ya no estaba: un mono organillero ocupaba su lugar.
Nos explicó el dueño que Gipsy Anne se había averiado y que no le compensaba arreglarla, por eso la cambió por el organo, el pequeño primate y unas monedas.
"Ya no volvería a verla…"
El olor de los dulces y los gritos risueños que provenían de la feria me hundieron en esa somnolencia que tienen los amantes fracasados.
Tuve que afronar mi primer desamor mientras mis primos, aún con pantalones cortos, se estiraban de los tiradores entre empujones y risotadas.
Pasé tres días en la cama, atiborrado de aceite de ricino, con paños fríos sobre mi frente y sopas que solo aumentaban mis ganas de morir.
De ahí en más, dejando escapar la magia que tiene la niñez, entré en el mundo adulto y comencé a ver la vida de otra forma, mientras en España, 1936 despertaba como un gigante dormido al que han atizado con una patada.
Comentarios (15):
Lunaclara
17/11/2018 a las 21:06
Hola Paola, tu relato me ha gustado. Tiene cierto sabor a nostalgia, que siempre atrapa.
Revisa las comas. Son necesarias para que se entiendan bien algunas frases.
Las descripciones me parecen perfectas y suficientes para un relato de 750 palabras.
Te felicito!
María Esther
18/11/2018 a las 01:51
Hola Paola, me gustó tu relato, muy pintoresco y movido con esos niños tan activos.
La historia de amor bien llevada.
Tiene un buen final, adecuado a la situación planteada.
Felicitaciones,nos vemos en el próximo taller. Estoy en el 30
Ofelia Gómez
18/11/2018 a las 05:10
Hola Paola
Hermoso relato de un niño y su despertar a la pubertad.
Buenos recuerdos de aquellas antiguas ferias, de todo lo que ofrecían al paseante, y de ese grupo de niños traviesos haciendo de las suyas.
Faltan algunos tildes, tu texto merece que los corrijas.
El último párrafo es un perfecto final para tu relato.
Saludos
Patricia Redondo
18/11/2018 a las 14:22
Precioso Paola , escribes magistralmente. El primer párrafo es pura poesía , no tiene desperdicio. Todas sus frases son redondas , geniales. La descripción de las ferias del pueblo , con sus feriantes y las trastadas de los muchachos maravillosa. Y ese final nostálgico y terrible. Por ponerle un pero, no me ha gustado que la historia de amor del muchacho fuera hacia una muñeca. Tanta ansiedad ,tanto desmayo por una juguete mecánico me parecen un poco inverosímiles. Hubiera preferido que los desvelos del protagonista fueran por una mujer de carne y hueso.
Te sigo leyendo.
Saludos!
Conrad Crad
18/11/2018 a las 20:06
Hola Paola.
Tu relato me ha transportado a la sala de autómatas del parque de atracciones del Tibidabo, en Barcelona. Cuando era niño, me parecía el lugar más fascinante y misterioso del mundo, y recuerdo que había una Gipsy Anne, muy, muy parecida a la de tu historia.
Es un hermoso relato del despertar a la vida y de la pérdida de la inocencia que rematas estupendamente con esa patada al gigante dormido. Las imágenes de la feria están llenas de ruido, de colores y de aromas. Sin embargo, la columna en la que se sustenta la historia, el amor del niño por la autómata, creo que la dejas en apenas un esbozo. Quizás merecería que ahondaras más en la fascinación, en el deseo, en todas esas emociones que se agitan dentro del niño y que provocan el enamoramiento. Eso le daría mucha solidez a tu relato.
Un placer leerte. Saludos,
Paola
19/11/2018 a las 10:53
Muchísimas gracias por las correcciones y por el tiempo dedicado!
Desde ya que tendré en cuenta las mejoras!
Jajajajaja no soy de historias de amor y creo que por eso no me explayé más en ese punto.
Muchas gracias otra vez!!!
JUANA MEDINA
19/11/2018 a las 15:25
Un placer leerte, Paola.
Me ha encantado la historia y ese final que marca el contrapunto que todos conocemos entre la inocencia, el crecimiento con sueños de amor y libertad, y una realidad que fue de una dureza y un horror que no se terminan de digerir.
Si es por poner un pero, ya te lo han dicho y está relacionado con ese extraño enamoramiento de un puber por una muñeca.
encontré un pequeño error ortográfico, posiblemente de dedo que se desliza: pócima va con c.
¡Mis más cálidas felicitaciones y un estupendo 2019!
Paola
19/11/2018 a las 16:41
Hola Juana!
Gracias por comentar mi texto y por tus apuntes!
El haber elegido una muñeca como punto de enamoramiento es para marcar un poco esa inocencia que en los años 30 no estaba tan ligada a la edad.
Como cuando las niñas creen en las hadas o las princesas.
Gracias por haber interpretado el final que, en definitiva, me interesaba mucho.
Algo así como un cambio marcado por otro cambio: ¿por qué no pensar que darse cuenta de que el supuesto amor era una autómata imposible de humanizar hace que el niño despierte de esa inocente niñez para entrar en la realidad del mundo adulto al cual todos nos resistimos en algún momento? Quiza por eso su malestar, un malestar personal que avanza paralelamente con un malestar social igualmente de doloroso y triste.
Muchas gracias y un saludo!!
Héctor Romero
23/11/2018 a las 17:39
Un bello relato, lo considero muy bien logrado en su estructura, ritmo y la esencia de su historia. Toma en cuenta las sugerencias que te apuntan los compañeros. Creo que pócimas es con c y no con s. Felices fiestas navideñas desde ya. No. 32
Luigi Callieri
23/11/2018 a las 18:59
Hola Paola,
Es un texto interesante este que presentas al taller, con reminiscencias, en la anécdota, a Las bicicletas son para el verano de Fernando Fernán Gómez. Los cambios hormonales del protagonista también están presentes y en cierto sentido contribuyen a señalar que en el relato hay algo que cambia entre el principio y el fin.
Parece un tanto forzado suponer a un “niño” en plena revolución hormonal que le impide distinguir una Gypsy Anne de una “mujer que será mía” (¿?) y mucho más forzada aún la relación entre esa enfermedad y cambio personal con la tragedia atroz iniciada con el golpe de estado de una cuadrilla de militares sublevados contra el gobierno legítimo en España.
De cualquier modo ya sabes que es mi despreciable opinión como la de cualquiera, y para nada desmerece el trabajo cuidado que nos presentas y que yo te agradezco.
Un abrazo y nos seguiremos leyendo en 2019
Josè maría
23/11/2018 a las 19:20
Hola Paola buen relato ,solo apuntar que pensé asta el final que el niño vería a su enamorada, como mujer ,no como una muñeca .Felices fiestas y espero leerte mas ,mi relato es el 65 y soy nuevo en el taller .
Paola
23/11/2018 a las 19:30
Luigi Callieri
Muuuchísimas gracias por pasarte por mi relato y por tomarte el tiempo de hacer un apunte que tendré en cuenta!
Seguimos leyéndonos.
Un saludo.
Paola
23/11/2018 a las 19:32
Josè maría y Héctor Romero
Me pasaré por vuestros relatos!
Gracias por el comentario y gracias por visitar mi cuento.
Saludos.
Laura
25/11/2018 a las 13:10
Hola Paola.
Al igual que quienes me preceden, me parece algo raro lo del niño enamorado de la muñeca, sabiendo que lo era. Tal vez si haces que el niño imaginara que ella se movìa para èl, que èl soñaba con ella, tal vez ahì entraría mejor la historia. Por supuesto, es tan sòlo una opiniòn.
Hermosa descripciòn de las actividades de los chicos en verano.
Mis saludos, y hasta la próxima propuesta.
Que tengas un buen año.
Paola
26/11/2018 a las 13:24
¡Hola Laura!
¡Es una buena opción la que planteas! ¡Por supuesto, la tendré en cuenta!
Te agradezco tu tiempo y tu comentario.
¡Que tengas un buen fin y principio de año!
Saludos