Literautas - Tu escuela de escritura

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Gritos en la madrugada - por Otilia

Luchando con las ráfagas de un viento endemoniado, Luis, como todas las mañanas, se
dirige al hospital cuando un hombre le interpela.

—Buenos días, ¿doctor Robles?
—Buenos días, ¿nos conocemos?
—Perdone, soy Miguel Pérez —dice mientras alarga la mano que Luis estrecha.
Los dos hombres entran a la consulta.
—Usted dirá, solo tengo unos minutos hasta que venga el primer paciente.
—Gracias por recibirme. La prensa ha divulgado varios casos impactantes de psicopatología que usted ha solucionado. Ello me ha decidido a solicitar su ayuda, no para mí sino para mi mujer.
—Y ¿qué tipo de problema presenta su esposa?
—No sabría decirle, pero presiento que es grave. Si acepta mi petición me podría acompañar a casa para hacerle un examen, a ella le resulta imposible venir.
—El lunes tengo la mañana libre, si viene a recogerme podré acompañarle.
—Gracias doctor, hasta el lunes.

Este día de otoño las nubes grises que cierran el cielo están bajas y amenazantes. Un viento sibilante arremolina las hojas caídas de los árboles del sombrío parque que atraviesan para llegar a la casa. Luis ve un edificio viejo, pero que a pesar del paso del tiempo tiene rasgos en su estructura de la casa importante que fue.

Al abrir la puerta, la luz de un rayo penetra en el vestíbulo e ilumina el polvo suspendido en el aire estancado. Luis nota una pesadez en la atmósfera, un peso muerto sobre los hombros. El sentimiento de ansiedad que le invade le hace pensar en los secretos guardados en aquellas paredes, mudos testigos de los pecados que entre ellas se habrán cometido, y que han quedado allí ensuciándole y extendiendo hasta el sótano aquel olor rancio.

Según suben la escalera para ir a la estancia de la mujer, el frío y el relente aumentan. Siente como si llevara encima una manta mojada que le cala hasta los huesos. La sensación no es nueva para él. Hace años percibió este hedor y el aire gélido, en un pueblo, delante de una mujer, de la que nadie dudaba que echaba mal de ojo, mediante hechizos y encantamientos maléficos, sobre personas y animales.

Miguel empuja la puerta de la habitación, aunque las cortinas están abiertas el ambiente es oscuro y el frío insoportable. Enfrente de la chimenea en una butaca hay una mujer en camisón. El marido se acerca le coloca un chal y le habla:
—Teresa, tenemos visita. Te presento al doctor…

La mujer joven, con rasgos bellos, mira al invitado y le sonríe. De pronto, girándose de golpe, cambia la cara mostrando una máscara de horror y de su boca comienzan a salir todo tipo de insultos y blasfemias. Luego se hace el silencio, pero al momento, temblando toda ella, echa hacia atrás la cabeza con una carcajada violenta y de nuevo empiezan los gritos desgarradores e ininteligibles: “Eh-ya-yahaah…nghaaa…”.

Estalla, entonces, una tempestad horrible, los truenos enmudecen los gritos de la enferma, y a través de las nubes relámpagos siniestros de cadavérico fulgor iluminan la estancia, donde muebles y personas parecen fantasmas abandonados.

Miguel llama a la enfermera y cogiendo al psicólogo del brazo salen de la habitación.
La expresión de su cara, un tanto imperturbable y hosca de por sí, junto a la palidez de la piel, produce un desasosiego en Luis que aumenta con el tono de voz sepulcral.

—Teresa era bella por fuera y mucho más por dentro. Una buena esposa y mejor madre. Siempre pensó en ayudar a todos los que no habían tenido suerte en la vida y en esta idea educó a nuestros hijos. Donde había una necesidad material o de ayuda a los desvalidos allí estaba ella. Hace unos meses cayó enferma. Todos los análisis dieron bien, pero esos comportamientos la dominan, cada vez, durante más tiempo.

—Mis estudios de Teología dicen que creer en Dios no te salva de las fuerzas que no pertenecen a este mundo, de los espíritus malignos que sienten un placer sádico a la hora de destruir a humanos bondadosos…

Luis no puede terminar porque el cabello apelmazado de Miguel se agita por una corriente de aire que él no nota y encima de su cabeza siente un aleteo de faldas. Desde el techo, entre los dibujos de la pintura y las manchas de humedad ve las caras espeluznantes de Teresa y de la enfermera mirándole con los ojos vacíos. Entonces, una fuerza diabólica le empuja desde el rellano y cae por la escalera empinada.

Otra vez, un grito rompe el silencio de la madrugada.

Comentarios (16):

Patricia Redondo

17/11/2018 a las 23:53

Una buena historia de terror , Otilia. Bien narrada, bien ambientada. Consigues crear una atmósfera espeluznante e inquietante. Si hubiera que ponerle un pero yo pondría quizá el final, que me parece un poco precipitado, requiere de más desarrollo para una mejor comprensión (las dos mujeres están locas , o son fantasmas? Porque la enfermera también? ). Inconvenientes de la limitación del texto. Por lo demás , lo dicho. Una buena historia, escribes muy bien. Felicitaciones.

Laura

18/11/2018 a las 23:30

Hola Otilia.
Gracias por pasar por mi relato y dejar tu comentario.
Vamos al tuyo. Vaya, no me lo veìa venir. Muy bueno.
Mis saludos. Hasta la pròxima propuesta.

Carlos Jaime Noreña

19/11/2018 a las 01:26

Buen cuento de terror, Otilia.
Me gustan mucho esas descripciones minuciosas de lugares y de hechos, que le hacen ver al lector unos cuadros muy detallados y que, en particular, son muy necesarias para crear el ambiente terrorífico.
Observaciones de lenguaje:
Hay que mejorar la puntuación en “Miguel empuja la puerta de la habitación, aunque las cortinas están abiertas el ambiente es oscuro y el frío insoportable” Y algo, también, en otros pasajes.
No queda claro quién se refiere a estudios de teología.
Saludos.

Dante Tenet

19/11/2018 a las 04:24

Otilia:
Muy buen relato de terror, de a poco el lector se va impregnando de la atmosfera, da para una historia mas larga.
Nos estamos leyendo

Otilia

19/11/2018 a las 09:37

Laura, Carlos Jaime Noreña y Dante Tenet, gracias por leer y comentar.
Nos seguimos leyendo. Saludos.

JUANA MEDINA

19/11/2018 a las 15:44

Hola Otilia:
Aquí, devolviendo por fin tu visita.
Creo que todavía me dura el escalofrío de terror.
Me has metido de lleno en ese lugar tenebroso con el pobre Luis.
Muy bien descripto. Trasmites perfectamente el clima.
Muchas felicidades y muy buen año

isan

19/11/2018 a las 17:56

Hola Otila:
Lo primero que quiero comentar es que, cuando me señalaste la falta ortográfica de mi relato no dije nada porque no presté atención a lo que me decías. Ha sido el comentario de Laura que lo ha remarcado por lo que lo he visto. Como le decía a ella, toda la vida diciendo “Ahí hay un hombre que dice ¡ay!” y cometo el error.
Entrando en tu relato, sabes que suelo comentar primero lo que veo de forma.
El primer párrafo parece que dice que Luis se dirige al hospital cuando un hombre le interpela (no antes, ni después). Dime si me he pasado.
“…para hacerle un examen, a ella le resulta imposible venir.” Mejor punto en lugar de coma o cambiar la coma por un “ya que”. Dos palabras que se añaden y que habrá que eliminar de otro sitio. Estas costumbres nuestras de ir al límite.
“…extendiendo hasta el sótano aquel olor rancio.” Es la primera vez que se habla de olor, por lo que “aquel” no se puede referir a nada anterior a no ser que se explique p.e.: Aquel olor rancio que deja… El párrafo siguiente ya habla de ese hedor.
“Hace años percibió este hedor y el aire gélido, en un pueblo, delante de una mujer, de la que nadie dudaba que echaba mal de ojo, mediante hechizos y encantamientos maléficos, sobre personas y animales.” Creo que habría que revisar todas las comas o cambiar la estructura. Desde luego la primera sobra.
“Miguel empuja la puerta de la habitación, aunque las cortinas están abiertas el ambiente es oscuro y el frío insoportable.” Yo la escribiría así: Miguel empuja la puerta de la habitación. Aunque las cortinas están abiertas, el ambiente es oscuro y el frío insoportable.
“Estalla, entonces, una tempestad horrible, los truenos enmudecen los gritos de la enferma, y a través de las nubes relámpagos siniestros de cadavérico fulgor iluminan la estancia, donde muebles y personas parecen fantasmas abandonados.” En este párrafo también revisaría algunas comas.
“Miguel llama a la enfermera…” En un principio creía que había un error y debía decir “enferma” ya que no teníamos noticia de ella.
“…cabello apelmazado de Miguel se agita por una corriente de aire que él no nota…” Quizás sobra decir que no nota la corriente de aire. Ya nota cómo se agita el cabello.
Leyendo el relato ha sido inevitable acordarse de “El exorcista”. Supongo que más de uno lo comentará. La trama ha estado bien llevada y has creado un clima de desasosiego. En cuanto a los estudios de Teología del médico me han hecho sonreír. Me han parecido escasos. No ha estado mal el relato, pero creo que, conociendo tu historial, puedes dar más. Quizás este no es tu tema. O que no es el mío.
Un saludo.

Ulises

19/11/2018 a las 20:50

Hola Otilia,

Buena historia! Eres capaz de enganchar al lector e irlo sumergiendo en una atmósfera perfecta para un relato de terror que, en mi opinión, es uno de los más complicado de tratar. Por consiguiente, mis felicitaciones. Enhorabuena por el texto!

Mi texto es el 112# por si te apetece pasarte 🙂

Otilia

20/11/2018 a las 10:27

Juana,Isan y Ulises, gracias por leer y por vuestros amables comentarios.
Nos seguimos leyendo el próximo año. Un abrazo.

Pepelu Martín

20/11/2018 a las 12:28

Hola Otilia:
En literatura, como sabes, el argumento de atrapar al lector en un relato corto, es como la máxima del éxito de un escritor y de verdad que en ese sentido lo has conseguido plenamente. Es verdad que algunos párrafos pueden expresarse de distintas maneras gramaticalmente hablando, pero lo fundamental está conseguido con un 10.
Un saludo

Galia

20/11/2018 a las 16:43

Buen día Otilia, muy bien ambientado tu relato, mantiene la atención del lector hasta el punto final. Felicitaciones.
Saludos.
Galia

Otilia

21/11/2018 a las 09:54

Gracias Pepelu Martín y Galia. Nos seguiremos leyendo el nuevo año.
Saludos.

Isabel Caballero

22/11/2018 a las 19:29

Hola Otilia. Me ha parecido un acierto que sitúes tu historia en un día nublado, oscuro, de viento, un día otoñal.
En los párrafos que comienzan por : “Este día de otoño…”, hay tres terminaciones en “ante”, “amenazantes”,”sibilante”,”importante”.
También, a modo de escenario, el polvo suspendido en el aire al entrar en la casa es un buen recurso de ambientación. Has sabido escenificar, y, a mi parecer, es tu mejor baza, aunque la historia queda algo inconclusa con el brusco final.
Nada más que aportar Otilia.
Un cordial saludo compañera.

jose maria

24/11/2018 a las 20:10

Hola Otilia,nada que aportar a los comentarios de los compañeros que te corrigen ,a mi me ha gustado leerte y espero hacerlo más se me queda corto y con la duda de la escena final.
Felices fiestas mi relato es el 65 primero publico ,pues nunca escribí historias para nadie ,solo para mi quizás sea eso lo que me hace un desastre con las reglas en fin un saludo y nos leemos.

Doralú

24/11/2018 a las 22:27

Hola Otilia,

Confieso que nunca he sido afecta al género del terror. Sin embargo, no impidió el análisis de tu texto y reconozco que me dio miedo la lectura de tu relato. Desde el punto de vista de la historia está bien construido, tan solo tiene unos detallitos que ya Isan los comentó. Lograste crear una atmósfera de terror que se percibe en el ambiente.
Tienes un texto que bien vale la pena dejar reposar para corregir y enriquecer.
Felices mini vacaciones y espero continuar leyéndote en enero.
Un abrazo

Otilia

25/11/2018 a las 10:26

Isabel, Jose María y Doralú, gracias por vuestros comentarios.
Nos leemos el próximo año. Saludos.

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