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Marinero en tierra - por Miranda
Web: https://mycatapultaliteraria.wordpress.com/
Esta vez el marinero no subió al barco. Era la primera vez en más de treinta años que no subía al “Elviramar”. El viejo buque atunero, en el que ya faenaba su padre.
El atunero podía congelar y almacenar hasta 200 toneladas diarias en sus cubas de congelado y salvo avería o mantenimiento apenas tenían periodos de descanso. Otros buques nodriza les suministraban todo lo necesario y recogían los atunes para trasladarlos a la factoría. También eran la forma de transporte para llevarlos a casa en los cambios de tripulación.
Las pocas veces que tomaba tierra era para volver a su puerto, pero esta vez toda era distinto.
Primero había sido la tormenta, la que los obligo a desviarse de su rumbo y después fue la avería consecuencia de la tormenta la que les obligo a buscar un astillero cercano en la costa portuguesa, donde poder reparar la avería. Eso había ocurrido cinco días antes. Recordó haber estado en aquella ciudad en una ocasión cuando era muy joven, pero ni siquiera recordaba porque.
Al contrario que sus compañeros, que no querían alejarse del puerto, los chiringuitos y las playas. Él había decidido conocer un poco mejor la ciudad, era una oportunidad única y tenía la sensación de que algo importante iba a pasar.
De golpe los recuerdos le vinieron en cascada, al dar la vuelta a la esquina, reconoció el imponente edificio, en el que había visto muchos años atrás una boda. Y en la que había jurado, con doce años, casarse con la pelirroja de las trenzas, que vivía en el hostal de los soportales.
Hacía muchos años que había olvidado esa historia, pero ahora estaba allí, la tormenta lo había llevado y tenía curiosidad. Quiso saber si el hostal aún existía, en lugar de eso, lo que encontró fue una tienda esotérica, la miro con perplejidad y al fijarse en los detalles, leyó en la parte alta del escaparate junto a la imagen de un ancla un curioso cartel decía “Marinero si has llegado hasta aquí, entra. Aún te estoy esperando”.
El no creía en supercherías, el cartel le hizo soltar una carcajada. Me parece que me he metido demasiado tierra adentro, pensó.
Ya se alejaba del lugar, cuando vislumbro dentro de la tienda a una espectacular pelirroja. ¡No lo podía creer! A pesar de los años transcurridos, algunos rasgos le recordaban a aquella niña. ¿Sería posible que se hubieran vuelto a cruzar sus caminos?
Las piernas empezaron a temblarle, como no le temblaban frente a una tormenta, se sintió pequeño e indefenso y solo quería echar a correr hacia el puerto y subir al barco, pero sus piernas no le obedecían.
Cuando el cliente que había dentro salió, la pelirroja lo acompaño. Al cruzarse sus miradas, ambos se sorprendieron.
Con una risa burlona, ella lo desafío
– ¿Vas a entrar o tendré que hacerte un hechizo para no tener que esperar otros treinta años?
– Yo… yo… – Gabriel balbuceaba sin saber que decir o hacer.
Marina lo cogió del brazo de forma desenfadada y lo introdujo en la tienda, con palabras zalameras, mientras pensaba que era otro marinero fanfarrón con ganas de gastar dinero, y con vergüenza de que lo vieran entrar en su establecimiento, hasta que entre los susurros de Gabriel, alcanzo a escuchar. Marina…Marina… no puede ser.
En ese momento a ella le empezaron a temblar las piernas
Comentarios (9):
Violeta
18/01/2018 a las 10:15
Hola Miranda.
Has escrito una bonita historia. En la que el paso del tiempo y la distancia no han borrado los sentimientos. Me ha parecido una historia bien contada y bien escrita. Felicidades
Osvaldo Vela
18/01/2018 a las 20:08
Hola Miranda, solo tengo una cosa que comentar, ahora, después de leer tu obra de arte, al que le tiemblas las piernas es a mi.
Felicidades y que el 2018 nos traiga muchas historias como esta.
Muy buen relato y un gran desenlace; hasta yo alcancé.
Gabriela
19/01/2018 a las 19:43
Hola Miranda
Me has atrapado con esa hermosa historia de amor atemporal.
Creo vas logrando cautivar al lector mágicamente, y adentrarlo tierra adentro junto al marinero, juntos van descubriendo la ciudad y los recuerdos.
En el último párrafo queda difuso si en qué momento ella lo reconoce, lo cual generaría mas efecto si lo descubre en la ultima linea.
Un placer, saludos
Karla Velásquez Castillo
21/01/2018 a las 04:14
¡Hola Miranda!
Me gustó tu historia, creo que es diferente y original. El involucramiento de los recuerdos del personaje con el repentino encuentro con aquella pelirroja te atrapa enseguida en el relato.
Creo que llegas muy bien al público al mover sentimientos, esto es algo a tu favor al momento de leer algún texto puesto que creas empatía.
Una única observación que si te voy a hacer (con todo respeto) es que tienes que cuidar la ortografía al momento de escribir. Parece que se te han pasado por alto algunas tildes, puesto que en otras palabras si las has usado de manera correcta.
Ten en cuenta eso, de ahí el resto me parece excelente 😉
Disfruté mucho tu relato, saludos y éxitos!
Roger Nhicap
21/01/2018 a las 13:47
Hola Miranda,
Me ha gustado el relato, me parece una narración agradable y bien hilvanada donde se describe las vicisitudes del atunero y los recuerdos del marinero, con una pizca de nostalgia mezclada con un toque justo de romanticismo. Buen trabajo.
Hay algunos defectillos en la forma que tendrías que revisar:
-sobra el punto seguido posterior a “Elviramar”. Es suficiente continuar la frase con una coma: “…al “Elviramar”, el viejo buque atunero…”
-obligó, con tilde, y no obligó, lo escribes dos veces, casi seguidas. La segunda puedes cambiarla por forzó o impuso.
-repasa bien las comas.
-el pensamiento va entre comas: «Me parece que me he metido demasiado tierra adentro», pensó
-hay alguna falta de tilde en algún pretérito indefinido terminado en vocal.
Como ves son pequeñas cosas. Hasta la próxima.
Un abrazo
Pato Menudencio
22/01/2018 a las 02:40
Hola jefaza. Me ha gustado mucho la trama de la historia. Esperaba algo más como de misterio (más predecible) y por eso me gustó mucho el enfoque de amores de infancia.
Saludos.
juan nadie
24/01/2018 a las 07:49
Precioso relato. Si no revuelve algo visceral es que estas muerto.
Un placer
Yoli L
29/01/2018 a las 17:50
Hola Miranda
Bonita historia.
Entre los mejorables, ya te han comentado sobre las tildes, palabras seguidas,puntuación, te agrego:
No se deja espacio después del guión largo:
– Yo… yo… – Gabriel
correcto: –Yo… yo… –Gabriel
Gracias por permitirme aprender con tu relato, por si me quieres visitar estoy en el #31 El espía.
Nos seguimos leyendo.
(¯`•¸•´¯)YOLI L(¯`•¸•´¯)
José Torma
30/01/2018 a las 17:42
Compañera Torbellino.
Me ha gustado mucho que me sorprendiste, no esperaba lo que paso y eso fue muy gratificante, no es predecible y a mi parecer está muy bien narrado.
Saludos.