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El Último Beso - por CrispínR.
El Último Beso
Echó a andar sin dirección alguna, sin saber a dónde iba. Casi sin mirar los parajes que recorría. No supo cuánto tiempo pasó. Entre la decepción y la ruptura, aquello era brutal. Con esa mujer él había entablado, en principio, una vívida amistad. Tampoco ella le había dicho no poder corresponder a sus propósitos. Era eso, precisamente, lo que no comprendía y ahora le hacía sufrir. Nunca llegó a saber si era casada. Siempre acudió a sus citas. No sabía si tenía hijos. Aunque un día creyó ver unos rayones de colores en una de las páginas de su agenda donde ella tenía una lista de números telefónicos. En relación a su familia tampoco había sido muy explícita. Sólo en una oportunidad le dijo tener una hermana que vivía en otra región del país. Después de sus encuentros en el mismo parque y a la misma hora, varias veces la acompañó hasta lo que parecía ser su casa: un edificio antiguo en las afueras de la ciudad. Fue a la playa, a la montaña, a numerosos sitios públicos con ella. Pero el último día que la vio, había sido distinto. Él le había pedido un beso. Y recordaba con asombro que esa tarde cuando ella le propuso despedirse, él le había dicho:
-Está bien, pero quiero un último beso.
Había quedado trunca la promesa de volverse a encontrar el próximo fin de semana.
Poco a poco, y mientras repasaba todo esto, comenzó a experimentar una dolorosa soledad, provocada por esta relación afectiva con una mujer, a la que no tuvo tiempo de amar y ahora estaba ausente.
Sin saber cómo, llegó hasta el parque donde la había conocido, y en un cesto de basura muy próximo al banco donde se sentaron en alguna oportunidad, dejó caer pausadamente, como si le pesara un mundo, el ejemplar de la prensa del día donde se informaba del asesinato de una mujer por parte de su amante. Según la reseña, el hombre y la mujer eran un par de estafadores, que se acercaban a personas solitarias para seducirlas y luego proceder a robarles. Pero el amor no juega con cartas marcadas – decía el periodista, – la noche del crimen la mujer le había confesado a su pareja haberse enamorado de una de esas personas. La discusión llegó al clímax cuando ella le manifestó no estar dispuesta a continuar con el “negocio,” y pretendió abandonar la casa. Fue entonces cuando su cómplice y amante le hizo el disparo que le quitó la vida.
CRISPÍN SILVA MUÑOZ
Comentarios (5):
Saulo
19/01/2016 a las 11:01
Muy bonito, directo y fácil de leer.
La verdad es que no tengo puntos débiles que remarcar. Me parece muy buena idea y bien desarrollada.
Dianet
21/01/2016 a las 15:58
Hola Crispín
Que historia tan trágica. ¡Me gusta!
Solo te diría que corrigieras los guiones.
Saludos.
Leonardo Ossa
24/01/2016 a las 03:54
Hola Crispin, tienes acá una historia que muy bien puede desarrollarse para una novela. Buena idea.
Espero volverte a leer.
Saludos.
Sandra
30/01/2016 a las 20:43
Hola Crispín,
a mi entender el ritmo queda poco fluido, sobre todo al principio, al presentar la historia con tantas frases cortas y puntos seguidos. También me resulta un poco liosa la parte donde él le pide un beso… quizá podrías describir en un par de lineas si ella acepta y se va azorada, o al contrario se niega pero le promete volverse a ver, como comentas en esa última linea del párrafo.
La última parte me gusta mucho, se nota que tenías la imagen clara en tu cabeza de cómo el chico llega al parque y de la noticia que aparece en el periódico. Creo sin embargo que “hacer” no es un verbo apropiado para acompañar al disparo… me atrevo a proponerte “descargó el disparo que le quitó la vida”
La idea es muy buena, ¡sigue trabajando y llegarás lejos!
Crispín Silva Muñoz
01/02/2016 a las 10:50
Gracias a todos por sus comentarios. Me ayudan y estimulan, Sobre todo los de Sandra que son mas específicos y decirle que tiene razón y he tomado nota de ellos.