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Umbra in solem - por Atenea

El autor/a de este texto es menor de edad

A Alex le gustaba soñar. Le gustaba imaginarse que esos sueños no se quedaban en el límite de alcanzar la realidad. Porque, ¿qué entendemos sino por la palabra sueño? Algo inaccesible, inalcanzable, totalmente imposible de conseguir.
De pequeños, todos deseamos ir a la luna y bajársela a esa chica tan guapa que se sienta delante nuestro en clase, deseamos tener esa casa al lado de la playa y con vistas al mar para que en invierno nos arrope el frío húmedo y para que en verano nos destape el calor ardiente; deseamos trabajar cambiando el mundo y también deseamos que todos nuestros deseos se hagan realidad, aún sabiendo que son caminos utópicos y nunca vamos a alcanzar.
Cuando crecemos, nuestros sueños cambian y los convertimos en algo surrealista, y a todos aquellos que siguen soñando los consideramos inocentes. No somos capaces de darnos cuenta, que quizás la ingenuidad de esos soñadores es lo que los mantiene vivos.
¿Cómo sería despertarse con la idea de que tienes infinitas posibilidades de atrapar esos sueños y que automáticamente se conviertan en la realidad? ¿Cómo sería luchar por algo que el resto de mortales piensa que es simplemente una fantasía?
Alex lo sabía bien. Él era especial, diferente. Toda su vida había ido coleccionando sueños y pintándolos por todos los rincones de su hogar, haciendo que el día a día tuviese más color y a su vez haciendo que la rutina no fuese simplemente una monótona escala de grises.
Su casa, guardaba todos los sueños que él iba deshabitando de su mente. Era como un gran sobre en el que se perdían todas sus quimeras.
Sin embargo, él tenía miedo. Un miedo interior de no saber a dónde irían a parar sus deseos cuando él ya no estuviese. La fugacidad del tiempo era su mayor temor. Saber que se había pasado toda su vida coleccionando momentos, aunque utópicos, para que un día no sirviesen para nada ni nadie, era algo que le mataba estando vivo. El “umbra in solem” le definía. La incandescencia de sol combinada con la oscuridad de la sombra, su perpetuo miedo.
Al final de su vida, el umbra era tan parte de él como lo era de la noche. Ya no soñaba ni pintaba su hogar de ilusiones y este miedo con el paso del tiempo consiguió matarlo. Ese dolor, se hizo parte de él, y su cuerpo ni tan siquiera luchó por expulsarlo y seguir viviendo.
Al día siguiente de su muerte, el sobre estaba vacío. Los sueños por los que se había mantenido con vida así como él se habían desvanecido, y ya no quedaban ni recuerdos a los que aferrarse.

Comentarios (3):

Wolfdux

29/10/2015 a las 20:13

Muy buen relato Atenea. Has sabido transmitir muy bien el mensaje. Felicidades.

¡Nos leemos!

charola

01/11/2015 a las 04:54

¡Hola Atenea! Fui una de tus comentaristas anónimas. Me gustó tu relato y ahora te digo igual. Está escrito con gran claridad y fluidez. Me hubiese gustado que el título fuese “El coleccionista de sueños” jeje pero acepto el título en latín, que lleva mas bien a consolidar toda una vida de un idealista. Felicitaciones. Sigue escribiendo. Te invito a leer el mío (13)
Saludos.

Marcelo Kisi

13/11/2015 a las 16:48

Hola Atenea!
Me gustó tu relato. Me pareció muy profundo para estar escrito por una menor de edad.
Dos sugerencias para avanzar: una es sencilla: no pongas coma entre sujeto y predicado. La segunda requiere un poco de práctica pero te va a ayudar: no trates de escribir en “difícil”. Tus lectores sabemos que escribís bien y ciertas palabras pueden sonar artificiosas, cuando de lo que se trata es “borrar las huellas de la producción”. Un ejemplo chiquito sería “deshabitar”, que está usado más bien como desalojar, pero el sentido es plasmar un sueño en una creación artística. Entonces, se te complicó ahí un poco 😉 Sugerencia: ve a lo simple. Eso ayudará a que el lector no diga: “he ahí a Atenea escribiendo”, sino, simplemente: “qué buena historia”. Fijate cómo podés simplificar algunas frases que, aunque sin palabras difíciles, están como “sobrearmadas”.
Espero que te sirva, te lo digo porque creo que tenés talento. Adelante!

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